Cascada de aguas turquesa

Acuarela de paisaje realizada en papel Arches Rugoso de 300 gr en un tamaño de 63×48 cm

Acuarela de paisaje. Las aguas de unas cascadas en un fondo difuso, alimentan una poza de aguas turquesas que acaban a pie del espectador. El reto era mantener el fondo desdibujado y la luz de los arbustos, al tiempo que trabajar el reflejo del agua rompiendo a pie del espectador. La acuarela está realizada en papel Arches Rugoso de 300 gr en un tamaño de 63×48 cm.

Es un hecho de la vida que estamos de paso y que aquellas cosas a las que nos agarramos, son en realidad efímeros velos de la falta. Las cosas se acaban, todo cambia y cualquier intento de permanencia y de estabilidad es pura ficción, pues estamos abocados a la transitoriedad. La angustia que a veces se produce en el encuentro con ese vacío nos lleva a intentar agarrarnos a seguridades que tienen como resultado forzamientos para llevar la esperanza hasta sus últimas consecuencias.
“No te vayas”, “dime que estarás siempre a mi lado”, “no me quiero hacer mayor”, me decía mi hijo con angustia en un intento de agarrarse a la imagen de un padre que para él se va desvaneciendo a medida que la infancia llega a su ocaso.
Hacerse mayor es separarse, afrontar el vértigo de la orfandad, el riesgo de la vida, que poco a poco se torna un camino sin barandilla. No hay padre en el horizonte que nos salve de la vida, porque de la vida no hay nada que salvar. Buscarlo más de la cuenta, alargar el encuentro con la orfandad, es correr el riesgo de quedar atrapados en la nostalgia. Así que será “necesario partir para que el paraíso no se torne una tierra maldita”.
Si el camino de la separación nos lleva a la congoja y al vértigo,“el agarramiento” nos aboca a los infiernos del sufrimiento y las demandas imposibles. Truco o trato.

Información adicional

Dimensiones 52 × 65 cm

Descripción

Acuarela de paisaje. Las aguas de unas cascadas en un fondo difuso, alimentan una poza de aguas turquesas que acaban a pie del espectador. El reto era mantener el fondo desdibujado y la luz de los arbustos, al tiempo que trabajar el reflejo del agua rompiendo a pie del espectador. La acuarela está realizada en papel Arches Rugoso de 300 gr en un tamaño de 63×48 cm.

Es un hecho de la vida que estamos de paso y que aquellas cosas a las que nos agarramos, son en realidad efímeros velos de la falta. Las cosas se acaban, todo cambia y cualquier intento de permanencia y de estabilidad es pura ficción, pues estamos abocados a la transitoriedad. La angustia que a veces se produce en el encuentro con ese vacío nos lleva a intentar agarrarnos a seguridades que tienen como resultado forzamientos para llevar la esperanza hasta sus últimas consecuencias.
“No te vayas”, “dime que estarás siempre a mi lado”, “no me quiero hacer mayor”, me decía mi hijo con angustia en un intento de agarrarse a la imagen de un padre que para él se va desvaneciendo a medida que la infancia llega a su ocaso.
Hacerse mayor es separarse, afrontar el vértigo de la orfandad, el riesgo de la vida, que poco a poco se torna un camino sin barandilla. No hay padre en el horizonte que nos salve de la vida, porque de la vida no hay nada que salvar. Buscarlo más de la cuenta, alargar el encuentro con la orfandad, es correr el riesgo de quedar atrapados en la nostalgia. Así que será “necesario partir para que el paraíso no se torne una tierra maldita”.
Si el camino de la separación nos lleva a la congoja y al vértigo,“el agarramiento” nos aboca a los infiernos del sufrimiento y las demandas imposibles. Truco o trato.

Información adicional

Dimensiones 52 × 65 cm

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