Cascada y aguas cristalinas

Acuarela de un rincón con cascada realizada en papel Arches rugoso de 300 gr en un tamaño de 48×61 cm

Acuarela de un rincón con cascada realizada en papel Arches rugoso de 300 gr en un tamaño de 48×61 cm

Septiembre empezó raro.
Trae consigo un cierto desánimo, muchas preguntas y una naciente necesidad de transformación a la que tengo que encontrarle dirección. Mi naturaleza inquieta me aboca a constantes saqueos internos que me sacan del abrigo rutinario e impulsan metamorfosis frecuentes y, en ocasiones, vertiginosas. Así que tengo la sensación de haber vivido muchas vidas.
Ahora llevo semanas sin pintar, y aunque a veces se hace inquietante esta infertilidad, de alguna manera me agarro a algo en lo que confío profundamente: la transformación. Sé que se ha perdido algo por el camino, sé que tenía que perderse, y que a pesar de los coletazos que pueda dar intentando agarrarme a lo de antes, ya no me sirve. También sé que por el momento, no hay fumata blanca, que lo nuevo aún no ha llegado y no sé ni por donde esperarlo.
Sin embargo, este impasse no me angustia, pues ya han sido muchos y siempre con el mismo resultado: la reinvención. Soy un animal cambiante, y aunque a veces me inquieta pensar que al gato se le acaban las vidas, me agarro a mi navío con los dientes y rezo a dioses en los que sólo creo cuando me conviene. Así que no he de esperar ayuda, no hay padre en el horizonte, sólo yo y esta oleada interna que pulsa invariante hacia delante y busca una nueva metamorfosis. Mientras tanto, rescato acuarelas del pasado reciente, que me hablan del camino transitado, de quién he sido… y con la paciencia del que sabe que llegará la aurora espero a que otra oleada creativa me invada febrilmente y marque el camino de lo que seré.

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Descripción

Acuarela de un rincón con cascada realizada en papel Arches rugoso de 300 gr en un tamaño de 48×61 cm

Septiembre empezó raro.
Trae consigo un cierto desánimo, muchas preguntas y una naciente necesidad de transformación a la que tengo que encontrarle dirección. Mi naturaleza inquieta me aboca a constantes saqueos internos que me sacan del abrigo rutinario e impulsan metamorfosis frecuentes y, en ocasiones, vertiginosas. Así que tengo la sensación de haber vivido muchas vidas.
Ahora llevo semanas sin pintar, y aunque a veces se hace inquietante esta infertilidad, de alguna manera me agarro a algo en lo que confío profundamente: la transformación. Sé que se ha perdido algo por el camino, sé que tenía que perderse, y que a pesar de los coletazos que pueda dar intentando agarrarme a lo de antes, ya no me sirve. También sé que por el momento, no hay fumata blanca, que lo nuevo aún no ha llegado y no sé ni por donde esperarlo.
Sin embargo, este impasse no me angustia, pues ya han sido muchos y siempre con el mismo resultado: la reinvención. Soy un animal cambiante, y aunque a veces me inquieta pensar que al gato se le acaban las vidas, me agarro a mi navío con los dientes y rezo a dioses en los que sólo creo cuando me conviene. Así que no he de esperar ayuda, no hay padre en el horizonte, sólo yo y esta oleada interna que pulsa invariante hacia delante y busca una nueva metamorfosis. Mientras tanto, rescato acuarelas del pasado reciente, que me hablan del camino transitado, de quién he sido… y con la paciencia del que sabe que llegará la aurora espero a que otra oleada creativa me invada febrilmente y marque el camino de lo que seré.

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