Rincón rocoso

En ésta acuarela traté de capturar el ambiente de este pequeño rincón donde la vegetación y las rocas encuadran una charca de pequeña profundidad y gran transparencia, con fondos de matices distintos según los reflejos del cielo.

La acuarela está realizada en papel Arches rugoso de 300 gr. en tamaño de 63×48 cm.

En ésta acuarela traté de capturar el ambiente de este pequeño rincón donde la vegetación y las rocas encuadran una charca de pequeña profundidad y gran transparencia, con fondos de matices distintos según los reflejos del cielo.

La acuarela está realizada en papel Arches rugoso de 300 gr. en tamaño de 63×48 cm.

La pintura es para mí una de esas tomas de tierra que me permiten aterrizar los humores y hacer algo con el sórdido malestar de la misma existencia cuando le da por aparecer…
Hoy mismo me levanté un poco agrio, de esas mañanas en que todo sabe a amargo a pesar de ser dulce… Hice deporte, practiqué mis lecciones de piano, pero nada de ello conseguía darle la vuelta por completo al marcador, así que finalmente, me puse a pintar… y ahora todo ha cambiado… Así que como dice el Kanka…
«…Después de esta mañana, la gente me parece un poco más humana…
después de esta mañana, la horchata es más barata y es más gato el ratón…
después de esta mañana, que salga malo el guiso, que se me queme el piso… me da un poquito igual…
Con esta sonrisa de bobalicón, sembrando en las aceras confusión… soy más idiota pero más feliz… después de esta mañana»…
Es una suerte haber encontrado en la pintura este especie de estado meditativo que me aísla del ruido y me sirve de transmutador energético… transformador anímico… y si apuro… un portal a otro espacio/tiempo donde solo estoy en la pura presencia de la pincelada.

Información adicional

Descripción

En ésta acuarela traté de capturar el ambiente de este pequeño rincón donde la vegetación y las rocas encuadran una charca de pequeña profundidad y gran transparencia, con fondos de matices distintos según los reflejos del cielo.

La acuarela está realizada en papel Arches rugoso de 300 gr. en tamaño de 63×48 cm.

La pintura es para mí una de esas tomas de tierra que me permiten aterrizar los humores y hacer algo con el sórdido malestar de la misma existencia cuando le da por aparecer…
Hoy mismo me levanté un poco agrio, de esas mañanas en que todo sabe a amargo a pesar de ser dulce… Hice deporte, practiqué mis lecciones de piano, pero nada de ello conseguía darle la vuelta por completo al marcador, así que finalmente, me puse a pintar… y ahora todo ha cambiado… Así que como dice el Kanka…
«…Después de esta mañana, la gente me parece un poco más humana…
después de esta mañana, la horchata es más barata y es más gato el ratón…
después de esta mañana, que salga malo el guiso, que se me queme el piso… me da un poquito igual…
Con esta sonrisa de bobalicón, sembrando en las aceras confusión… soy más idiota pero más feliz… después de esta mañana»…
Es una suerte haber encontrado en la pintura este especie de estado meditativo que me aísla del ruido y me sirve de transmutador energético… transformador anímico… y si apuro… un portal a otro espacio/tiempo donde solo estoy en la pura presencia de la pincelada.

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