Descripción
En la solana, esta casa vieja resiste al tiempo, aunque casi en ruinas. Lo interesante de la obra radica en el plano medio lejano, dejando la vegetación del primer plano difuminada, lo que ayuda a llevar la mirada al fondo. La obra está realizada en acuarela 40×63 cm usando papel parches rugoso de 300 gr
La casa de mi abuela Carmen y mi abuelo Juan era la última del pueblo, y se convertía en un hervidero de actividad cuando todos nos encontrábamos en navidades o semana santa. Mientras los adultos hablaban en códigos indescifrables, los niños explorábamos un mundo inmenso lleno de rincones y habitaciones misteriosas donde los objetos del pasado cobraban a veces naturaleza siniestra…
El tiempo y las disputas de nuestros mayores pusieron fin a esos tiempos que ahora recuerdo como gloriosos tras ser rescatados de un olvido indolente. La distancia se instaló para quedarse, y yo aún me sorprendo preguntándome qué fue lo que nos separó. Lo silenciado en los padres, deja agujeros mudos en los hijos…
Debe ser que esa distancia sí me importó… aunque yo me contase lo contrario para poder seguir caminando, disimular la cojera y no mirar atrás. Pero los vacíos innombrados manejan los hilos con asombrosa pericia y sorprenden con pasmo cuando juegan su baza a contrapie.
Hoy, el recuerdo de esos tiempos de Calasparra dió una estocada profunda en el cuero, levantando el pespunte de la defensa y dejando al descubierto toda una constelación de recuerdos olvidados… «touché»…
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