Descripción
Acuarela realizada en papel Arches rugoso de 300 gr, en un tamaño de 63×48 cm.
“Mamá mírame”, dice un niño con insistencia a su madre…
Inventa, provoca y convoca constantemente a su mirada, resistiéndose a cualquier despegamiento, a cualquier demora.
Su impulso voraz y tirano busca invariante una satisfacción sin negociación ni tolerancia, retorciendo las escenas a cualquier precio con tal de ocupar su centro.
Pone a la madre contra las cuerdas, la atraviesa con su demanda, la angustia a ella y a sí mismo, porque aún recibiendo lo que busca, nunca será suficiente para calmar la falta esencial que a todos nos habita. El exceso, está destinado al fracaso, porque en su forzamiento nunca conseguirá atrapar el amor. La salida, siempre será la renuncia, la transformación, la búsqueda en otro lugar… la aceptación y la espera.
Freud hablaba del impulso sublimado como aquel que se desvía de su objeto original y busca otras formas de satisfacción socialmente aceptadas. Todos buscamos la mirada del otro, cada cual por sus caminos… pero no todos tienen el mismo recorrido ni resultado.
La sublimación de los impulsos hacia un fin creativo como el arte permite hacer algo con lo excesivo, conduciéndolo por una vía legalizada y parcial que sabe de la demora, que puede renunciar a la fijeza del objeto y no obliga sino propone una provocadora apuesta para convocar al otro sin forcejeo.
Por que en el fondo, el deseo, es una espera…
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