Descripción
Esta acuarela está realizada en papel Arches rugoso de 300 gr., en un tamaño de 48×63 cm
Soy psicoanalista, y me dedico a este solitario arte de escuchar a las palabras a espaldas de ellas
mismas, de desnudarlas y confrontarlas, para encontrar el camino con la propia verdad, que a
veces se hace esquiva. Es un arte apasionante que se adentra en los límites de un lenguaje, que vela y desvela, los rostros del deseo. Poner palabras es y será siempre una forma de hacer algo con el malestar que los sujetos sufrimos por el mero hecho de vivir.
La acuarela y la escritura han sido también para mí una forma de hacer con el mundo interno, a veces tumultuoso y agitado, lleno de cuestionamientos y preguntas. El agua ha interrogado constantemente mis contornos y frecuentemente me ha ofrecido respuestas concretas y trascendentes.
Cada acuarela es un viaje, un diálogo con el agua, que se produce en interacción con mi propia intimidad. Un recorrido del que siempre aprendo algo nuevo en lo personal, y del que queda una marca en lo artístico.
El motivo de esta acuarela fue capturar una sensación lumínica, un instante de luz en el ambiente y sus reflejos en el agua. Me enseñó que las cosas no son como empiezan, sino como acaban… que a veces hay que soltar y volver a retomar unos días después, para que desde otro ángulo desparezcan los obstáculos que lo habían hecho imposible.
Agradezco a mi amigo Nicolás Navarro, que como caminante sin fin de montañas y senderos, me presta a veces sus ojos viajeros para atisbar instantes que terminarán en el papel…
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