Cañón con nieve. Carlos García Requena

Cañón y montañas nevadas

Acuarela realizada en papel ARCHES de 300 gr rugoso en tamaño de 50×40 cm

Acuarela realizada en papel ARCHES de 300 gr rugoso en tamaño de 50×40 cm

La voracidad de nuestro espíritu insaciable y la rapidez con la que podemos acceder a todo, son coartada para uno de los malestares de esta cultura de la inmediatez, que ya no soporta espera ni frustración y nos aboca silenciosamente a un imperativo de “gozar” del que en realidad somos esclavos.
Un nuevo amo se cierne sobre nosotros, un tirano que nos reclama siempre operaciones para alimentar el insondable agujero negro de la matriz. Una presencia autócrata y sin rostro que nos endulza con la promesa de que “todo será posible” y “por la vía rápida”.
Desterradas las frustraciones, acortadas las demoras y desdibujados los límites, creemos ganar la partida al tiempo, y sin embargo, nos abocamos a un vertedero donde nos deshilvanamos como sujetos y nos ofrecemos en sacrificio para ser usados como objetos con consentimiento.
Por suerte, la creación artística, que no se lleva bien con la prisa, existe para que la realidad no nos destruya, para darnos una alternativa.
Allí donde lo virtual nos convoca a un festín constante del ojo, donde la gran matriz de internet se abre como un enorme abismo que engulle nuestros minutos en cosas “sin sentido”, las obras de arte son lugares que nos permiten descansar la mirada, “permanecer”, reconocer los matices y dejar los espacios necesarios para que la evocación, el recuerdo, el sentimiento y a veces, la magia, puedan sobrecoger por un instante nuestro espíritu. Acuarela realizada a partir de un trabajo de Robert High Smith

 

Información adicional

Descripción

Acuarela realizada en papel ARCHES de 300 gr rugoso en tamaño de 50×40 cm

La voracidad de nuestro espíritu insaciable y la rapidez con la que podemos acceder a todo, son coartada para uno de los malestares de esta cultura de la inmediatez, que ya no soporta espera ni frustración y nos aboca silenciosamente a un imperativo de “gozar” del que en realidad somos esclavos.
Un nuevo amo se cierne sobre nosotros, un tirano que nos reclama siempre operaciones para alimentar el insondable agujero negro de la matriz. Una presencia autócrata y sin rostro que nos endulza con la promesa de que “todo será posible” y “por la vía rápida”.
Desterradas las frustraciones, acortadas las demoras y desdibujados los límites, creemos ganar la partida al tiempo, y sin embargo, nos abocamos a un vertedero donde nos deshilvanamos como sujetos y nos ofrecemos en sacrificio para ser usados como objetos con consentimiento.
Por suerte, la creación artística, que no se lleva bien con la prisa, existe para que la realidad no nos destruya, para darnos una alternativa.
Allí donde lo virtual nos convoca a un festín constante del ojo, donde la gran matriz de internet se abre como un enorme abismo que engulle nuestros minutos en cosas “sin sentido”, las obras de arte son lugares que nos permiten descansar la mirada, “permanecer”, reconocer los matices y dejar los espacios necesarios para que la evocación, el recuerdo, el sentimiento y a veces, la magia, puedan sobrecoger por un instante nuestro espíritu. Acuarela realizada a partir de un trabajo de Robert High Smith

 

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