acuarela de paisaje. Poza soleada. Carlos García Requena

Poza Soleada

Acuarela de una poza soleada realizada en papel Arches rugoso de 300 gr en un tamaño de 48×61 cm

Acuarela de una poza soleada realizada en papel Arches rugoso de 300 gr en un tamaño de 48×61 cm

Muchas veces estuve tentado de pintarla, pero por alguna razón, nunca era el momento. Podría haberme forzado, apresurado… pero hay una espera en las cosas… no puedes ser siempre que se las desea. Y está bien… todo tiene un tiempo y una preparación…

Ver, comprender y concluir.

¡Que sería de nosotros siempre satisfechos, siempre llenos!… sin hambre, no se come con gusto…

Recuerdo un pequeño cuento del libro El contador de historias.
En él, el protagonista, cree estar en el cielo cuando ante cualquier deseo siempre hay  satisfacción… y a pesar de la dicha inicial, se le acaban los deseos y tira de toas las extravagancias imaginables, hasta que deja de desear. Enchido de esa maldición de satisfacción, lanza su voz al cielo: “¡dios mio!… esto es un infierno!”

de repente, como una voz atronadora, surge entre las nubes y le dice: “¡donde te crees que estás!”

muchas veces, pero en el momento hasta

“El deseo es una espera”. Y es precisamente esa espera… y no la consecución… lo que llamamos deseo…

Información adicional

Descripción

Acuarela de una poza soleada realizada en papel Arches rugoso de 300 gr en un tamaño de 48×61 cm

Muchas veces estuve tentado de pintarla, pero por alguna razón, nunca era el momento. Podría haberme forzado, apresurado… pero hay una espera en las cosas… no puedes ser siempre que se las desea. Y está bien… todo tiene un tiempo y una preparación…

Ver, comprender y concluir.

¡Que sería de nosotros siempre satisfechos, siempre llenos!… sin hambre, no se come con gusto…

Recuerdo un pequeño cuento del libro El contador de historias.
En él, el protagonista, cree estar en el cielo cuando ante cualquier deseo siempre hay  satisfacción… y a pesar de la dicha inicial, se le acaban los deseos y tira de toas las extravagancias imaginables, hasta que deja de desear. Enchido de esa maldición de satisfacción, lanza su voz al cielo: “¡dios mio!… esto es un infierno!”

de repente, como una voz atronadora, surge entre las nubes y le dice: “¡donde te crees que estás!”

muchas veces, pero en el momento hasta

“El deseo es una espera”. Y es precisamente esa espera… y no la consecución… lo que llamamos deseo…

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