Descripción
Acuarela realizada en papel ARCHES de 300 gr rugoso en tamaño de 50×40 cm
odo tiene su tiempo…
Decía hace unos meses que en mi casa me preguntaban… ¿por qué no cambias el motivo de tus acuarelas?… y yo respondía que «necesitaba comprender»…
Pues bien, no es que haya comprendido, ni mucho menos… pues a pesar de los acercamientos, la Ítaca particular, siempre quedará lejos… y ya sabemos que en el fondo, se trata del camino.
Sin embargo, ha aparecido recientemente el deseo de pintar horizontes más abiertos, no sé si por obediencia o por curiosidad… Así que como decía Robe de Extremaduro: «me estoy quitando y solamente me pongo, en vez en cuando»…
Yo en el fondo no me lo quiero dejar, pues pintar pequeños rincones acuáticos tiene para mí algo de lo pequeño, de lo escondido, del reverso de las cosas, pero sí quiero abrir la mirada a otros lugares que tengan cosas que decirme para luego contarlas.
Siempre me han atraído los lugares vacíos, inhabitados… territorios inexplorados. Sueño a veces con la fantasía de aquella distopía de Alex Garland, «La playa», donde los protagonistas, llevados por su deseo de descubrir mundos vírgenes, terminaban en un infierno… O con el protagonista de «Hacia rutas salvajes» de Sean Penn, que termina condenado por su particular búsqueda, por su particular goce.
Lo mío es algo más modesto, menos nocivo… de escritorio… pero de alguna manera es una sublimación de ese espíritu curioso que me lleva a buscar debajo de la alfombra, para ver lo que hay…
Recuerdo que mi padre me llamaba «La garduña», porque tenía la extraña habilidad de detectar los chocolates y otros postres aunque me los escondieran. No es un superpoder especial, ni infrecuente… pero cada cual tiene sus vicios y sus transgresiones.
Quizás ese secreto olfato es el que me mueve constantemente a la búsqueda, y me permite seguir rastro del deseo, aunque a veces se haga esquivo y tortuoso.
Así que aunque dicen que la curiosidad mató al gato (o a la garduña), habrá que arriesgarse…
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