Descripción
La otra noche, en la intimidad de la amistad, reapareció la pregunta acerca por qué sigo pintando ríos y entornos acuáticos.
Quizás, para quien mira desde fuera, todo pueda parecer similar, pero para quién está inmerso en una tarea de exploración y estudio, los matices son fundamentales y hay universos tras cada pequeño detalle.
El agua es un medio asombroso y fascinante. Su representación pictórica requiere comprender cómo funcionan los fenómenos de refracción, los reflejos y las transparencias.
El agua adquiere cualidades del mundo que la rodea y refleja a nuestra mirada lo que robó de su entorno.
Lo que me mueve a pintar cada vez, es una curiosidad y una pregunta acerca de cómo lo haría…
En esta acuarela, el motivo fue tratar de representar la complejidad de la rocalla que se presenta en los estados de luz/sombra y sobre todo, el espacio confuso de la semisombra o las filtraciones de luz entre la vegetación.
Esto es lo que sucede cada vez… una pregunta y un recorrido en el que se van produciendo respuestas, aprendizajes y enriquecimientos.
Sin duda, es mi movida, mi Ítaca particular, absolutamente ajena a quien mira desde fuera y reposa la mirada en el resultado en lo pictórico, que es el único rastro de un recorrido invisible.
Desde el principio tuve muy claro que la pintura para mí era una exploración, un proceso personal… y que no sería hacia afuera, sino hacia dentro.
Acuarela realizada en papel Arches rugoso de 300 gr, en un tamaño de 63×48 cm.
Valoraciones
No hay valoraciones aún.