Descripción
Acuarela realizada en papel Arches rugoso de 300 gr, en un tamaño de 63×48 cm.
El arte tiene el poder de evocar, de susurrar, de golpear, de provocar remolinos y de no dejar intacto.
Nos susurra al oído en una lengua que permite dar forma a la experiencia del mundo, a lo discontinuo de la vida, por fuera del sentido y la razón… produciendo tumulto, turbación, intranquilidad, incertidumbre.
No aporta claridad apaciguadora ni saber estabilizador, es más, erosiona los saberes, deshace el confort y permite experimentar la errancia y el aturdimiento.
La obra de arte es un ensayo que trata de registrar algo de esa falta esencial que habita el mundo… lo Real. Es una forma de hacer, una herramienta, un lenguaje que empieza allí donde las palabras dejaron de ser útiles para tratar de hacer algo con el desgarro, con la falta, con aquello de la vida que no puede ser nombrado…
Hoy traigo esta obra… que ha sido parida tras un tiempo de secuestro en el quehacer de la vida…
Es el resultado del temblor, de la incertidumbre que me asalta cada vez que tras un tiempo sin pintar, creo haber olvidado como hacerlo. Siento el temor de que un día, este pequeño regalo de la vida se marche tal y como vino, sin pre-aviso.
Sin embargo, a pesar de todo, cada vez vuelvo a comprobar con gran alivio que el duende no se marchó y sabe encontrar los caminos de nuevo del agua.
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