“¡Díos mío, Dios mío! ¡Qué extraño es todo hoy! ¡Y ayer, en cambio, era todo normal! ¿Habré cambiado durante la noche? Vamos a ver: ¿era yo la misma al levantarme esta mañana? Casi creo recordar que me sentía un poco distinta. Pero si no soy la misma, la pregunta siguiente es: ¿quién diablos soy? ¡Ah; ése es el gran enigma!”
(Alicia en el País de las Maravillas)
Eso mismo me he preguntado yo esta mañana. ¿Por qué hoy es todo tan extraño?… ¿quién soy hoy?… Las respuestas que me daba ayer hoy son inconsistentes.Cualquier intento de permanencia y de estabilidad es pura ficción, un sueño de verano. Así que no nos queda otra que revisar la caducidad de cualquier versión pasada, y preguntarnos cada vez, aunque eso suponga quedar abocados al abismo de la transitoriedad, de lo efímero, de lo inconstante… de la falta.
“No quiero hacerme mayor”, me decía uno de mis hijos en una de sus noches angustiosas… y yo, de nuevo desarmado ante su clara conciencia, tampoco supe qué decirle, pues cualquier intento de venderle la adultez era una “chirla”. Crecemos, y no siempre es para mejor… a resumidas cuentas, ”la parca siempre gana”. Somos fragmentos, y cualquier intento de reunión coherente es simplemente eso: “una chirla”, un argumento inconsistente.
Vivir en la conciencia de la falta es a veces angustioso, pero el mismo filo que te hiere es el que puede darte esperanza. Como decía Mercedes Sosa “todo cambia”… también a veces para mejor…
Esta Acuarela de los reflejos de un cielo nublado sobre el río está realizada en papel Arches rugoso de 300 gr, en un tamaño de 63×48 cm.
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