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Rincón luminoso de un río

El otro día escuché una frase de Sartre que decía: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.
Me detendré hoy en la mitad de la frase… “lo que cada uno puede hacer”… para mí, la cuestión fundamental y lo que diferencia entre el trauma y el suceso, está en la respuesta… la que podemos (o no) dar, ante los avatares de la vida. 
Es cierto que hay veces en las que nos sentimos superados y aquello que tendría que haber sido descargado, queda dando vueltas en el cuerpo y empujando la repetición. Por eso, por la falta de recursos para responder a lo externo e interno que nos sorprende, la infancia es el lugar del trauma.
Lo no elaborado (lo no descargado) lleva a la repetición… Sin embargo, en cada repetición tenemos una nueva oportunidad de aprender algo diferente, que nos permita tarde o temprano, girar la media tuerca necesaria para recolocarnos… y dar nuevas respuestas. 
Se trata de “elegir” entre el camino sordo de la pulsión, que empuja a la espiral sin salida del acting… o el camino del cuesitonamiento que implica la posibilidad de comprender y buscar una salida menos dañina al impulso. 
El arte, es una forma de hacer con el vacío… y también con aquellas pulsiones que no encuentran forma de encarnarse, estrellándose a quemarropa contra uno mismo y contra el dique del otro. El arte, es pues una respuesta… una manera de representar, de dar sentido, cauce o forma a lo que es vacío, sordo o mudo… 
La creatividad, ya lo decía Freud, es una de las salidas al malestar que el sujeto sufre en la cultura.

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